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Me da vergüenza promocionarme en redes: publica lo que enseñas

· Equipo de Nicho Escuela

Teléfono en trípode apuntando a un taburete vacío en una sala luminosa

¿Cómo promocionarme en redes sin sentir vergüenza ni sonar a vendedor?

Publica lo que ya sabes hacer bien, en forma de respuesta a una pregunta real de tus clientes. Enseñar algo concreto te quita la presión de vender y da a la gente una razón para seguirte. Empieza con tres preguntas que te hacen siempre y conviértelas en publicaciones de una página. Si cada publicación ayuda a alguien a resolver algo, ya cumple su trabajo, aunque no cierre una venta.

Te da vergüenza publicar. No te lo digo para señalarte: casi todas las personas que trabajan por su cuenta sienten lo mismo cuando abren la app y ven el cuadro en blanco. Escribes una frase, la lees, te suena a anuncio de feria y la borras.

Hay una trampa en esa vergüenza. Crees que promocionarte es pedir algo, y como no quieres pedir, no publicas. Como no publicas, nadie te conoce, y tu silencio empieza a parecer prueba de que no tienes nada que decir. No es así. Te estás mirando desde el lugar de quien vende, y ese lugar incomoda siempre.

¿De dónde viene esa vergüenza?

Viene de una imagen vieja del vendedor: el que interrumpe, exagera y escribe por tercera vez a alguien que ya dijo que no. Esa imagen te molesta porque tú tampoco quieres ser así. Bien. La incomodidad funciona como brújula: te dice qué no hacer.

Lo que no te dice es qué sí hacer. Para eso sirve otra pregunta: qué le sirve a alguien que todavía no te contrató.

¿Qué publico si no quiero hablar de mí todo el tiempo?

Publica sobre lo que resuelves. Lo que te preguntan en la primera reunión suele ser el mejor punto de partida, porque la gente ya quiere saberlo. Cuatro ideas que puedes usar esta semana:

  • Una pregunta que te repiten en cada reunión, con tu respuesta en cuarenta segundos.
  • Un error frecuente que ves en el trabajo de otros y cómo evitarlo.
  • Un antes y un después, con permiso de quien lo vivió, si las reglas de tu profesión lo permiten (en salud, bienestar y derecho suelen limitarlo).
  • Una herramienta, plantilla o lista que uses y que puedas regalar.

Estas cuatro bastan para tres semanas. Lo demás es repetir con ejemplos nuevos. Y cuando alguien escriba preguntando algo parecido, ya tendrás una respuesta lista.

¿Con qué frecuencia tengo que publicar?

Aquí suele fallar la idea, no el ánimo. Si te propones publicar todos los días y a la tercera semana se acaba el aire, te sientes culpable y lo dejas todo. Elige dos publicaciones por semana, las que quepan en tus horas reales. Dos cada semana durante seis meses valen más que quince en un mes y ninguna después.

Mide lo que te llega, no lo que ves en tu pantalla. ¿Alguien te escribió preguntando por algo que viste en una publicación? Eso cuenta más que cualquier corazón.

¿Y si publico y nadie reacciona?

Muchos abandonan aquí. Una reacción tibia no quiere decir que tu contenido no sirva. Quien más lo necesita suele leer en silencio, guardar la publicación y escribirte semanas después, cuando por fin tiene el problema encima. Pasa más de lo que parece.

Si tus clientes ya llegan por recomendación pero se están secando, lee primero por qué se seca el boca a boca. Y si te cuesta pedir que te recomienden, aquí hay una forma de hacerlo sin sentirte en deuda.

Empieza hoy con una sola pregunta: la que más te repite tu cliente. Respóndela en un párrafo y publícala. Nada más. La vergüenza no se va con la primera publicación, pero sí con la segunda, cuando ya no te parece un anuncio.

Los nombres, las situaciones y las cifras de este artículo son ejemplos para explicar la idea; no son casos reales.

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