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Un amigo te pide un trabajo «por ser tú»: cuánto cobrarle
· Equipo de Nicho Escuela
¿Cuánto cobrarle a un amigo o familiar que te pide tu servicio?
Decide antes de que te lo pidan cuánta generosidad puedes sostener y elige una de cuatro opciones: regalarlo una vez y con límites, dar un descuento con condiciones, cobrar el precio completo o hacer un intercambio claro. Lo que no conviene es cobrar «lo que sea» sin pensarlo, porque la molestia se acumula y termina dañando la amistad.
«Oye, tú que sabes de esto... ¿me armas una rutina? Algo sencillo, no te voy a quitar mucho tiempo.» Casi siempre llega por mensaje, con un emoji, y casi siempre de alguien que de verdad te quiere y no ha caído en que lo que pide es tu trabajo.
Pongamos a Nadia, entrenadora en Panamá (un personaje de ejemplo). Cobra 30 dólares por sesión, y su mínimo, el precio por debajo del cual pierde dinero, es de 20. Un amigo de la universidad le pide ocho sesiones «por ser quien eres». Nadia dice que sí sin pensar, y a la tercera semana se descubre molesta cada vez que el teléfono suena con su nombre. La amistad empieza a pagar un precio que nadie había puesto sobre la mesa.
¿Qué opciones tengo realmente?
Hay más de dos. Esta tabla las pone juntas, con los números de Nadia (8 sesiones a 30 dólares serían 240 en total):
| Opción | Qué es | Cuándo tiene sentido | Cuánto te cuesta | Frase |
|---|---|---|---|---|
| Regalo | Una sesión o un trabajo corto, sin cobrar | Una ocasión especial; alguien que de verdad lo necesita | 30 dólares y una hora de agenda | «Esta primera sesión va de mi parte» |
| Descuento con condiciones | Un precio menor con un motivo y un tope | Amistad cercana, alguien que va a recomendarte, un periodo corto | 20 % menos: 48 dólares de 240 | «Para ti es el 20 % menos, durante este mes» |
| Precio completo | Tu tarifa de siempre | Cuando no quieres mezclar ni un gramo de favor | Nada: ganas lo normal | «Mi tarifa es de 30; te cuento cómo trabajamos» |
| Intercambio | Servicio por servicio | Cuando la otra persona tiene algo equivalente | Depende, y hay que escribirlo | «Yo te entreno y tú me haces la web; ocho sesiones por ocho horas de tu trabajo» |
Cada una es válida. Lo que no funciona es cambiar entre ellas sin avisar.
¿Cómo se ve la opción del descuento en números?
El 20 % de descuento sobre 240 son 48 dólares, así que el amigo paga 192. Eso da 24 dólares por sesión, cuatro por encima del mínimo de Nadia (20). Es generosidad que se puede sostener: ella gana menos, pero sigue ganando. Si hubiera dado 40 % de rebaja, cada sesión quedaría en 18, por debajo del mínimo: ahí ya no es generosidad, es pagar por trabajar.
La pregunta práctica es: ¿cuánta generosidad puedo permitirme este mes? Nadia puede decidir, digamos, regalar o rebajar hasta tres horas de agenda al mes. Cuando llega una petición, mira cuánto le queda del «presupuesto de cariño», no cuánto le dice el corazón en ese segundo.
¿Y qué le digo exactamente?
Con el amigo que pidió las ocho sesiones, algo así:
Qué gusto que quieras entrenar conmigo. Para amigos cercanos tengo un precio especial: 24 dólares por sesión en lugar de 30, este mes. ¿Te funciona? Te paso cómo es el plan y los datos de pago.
Y si Nadia quiere regalar:
Me encanta ayudarte. La primera sesión corre por mi cuenta. A partir de la segunda, empieza mi tarifa de 24 para ti. Así sé que te comprometes y yo puedo reservarte el horario.
Cuando la petición llega en el peor momento y no tienes margen, puedes cuidar la relación con una negativa tranquila:
Ahora mismo tengo la agenda completa y no puedo hacerte un precio especial sin perjudicar a mis otros clientes. Si quieres, te agendo para diciembre con mi tarifa.
No hace falta contar tus finanzas. Lo que tienes enfrente no es una prueba de lealtad.
¿Qué cuidar si decido cobrar poco o nada?
Tres cosas, sin dramatismo:
- Ponlo por escrito, aunque sea por mensaje: qué incluye, cuántas sesiones, hasta cuándo dura el precio especial.
- Mantén las mismas reglas de tu trabajo (horarios, cancelaciones). Un amigo que cancela sin aviso te cuesta lo mismo que cualquier cliente. Más sobre esto en por qué conviene tener acuerdos por escrito, incluso con gente de confianza.
- Fija una fecha de revisión. «Lo vemos en un mes» evita que el precio especial se vuelva eterno.
¿Y si ya le estoy dando un trato especial y me siento mal?
Es frecuente, y tiene arreglo. Habla antes de que el resentimiento crezca:
He pensado en cómo organizo mi tiempo, y a partir del mes que viene necesito pasar a mi tarifa normal. Valoro mucho trabajar contigo y quiero que sigamos.
Es una conversación incómoda de tres minutos que evita años de silencio. Y si necesitas ensayar la cifra en voz alta, está cómo decir tu precio sin disculparte, y para las rebajas que no son de amigos, el «¿me haces un descuento?» y sus respuestas.
Los nombres, las situaciones y las cifras de este artículo son ejemplos para explicar la idea; no son casos reales.