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Quiero crear un curso y temo que nadie lo compre: cómo validarlo

· Equipo de Nicho Escuela

Pizarra en blanco, una cámara y sillas plegables vacías en un garaje soleado

¿Cómo sé si alguien comprará mi curso antes de crearlo?

Valídalo en tres pasos antes de grabar nada: habla con unas ocho personas que tengan el problema, abre una lista de espera con una promesa clara y haz una preventa con un número mínimo de compradores fijado de antemano. Si se alcanza, construyes. Si no, ajustas la promesa con lo que aprendiste y tu inversión de semanas sigue intacta.

Rocío da clases de matemáticas en Sucre (es un personaje de ejemplo) y lleva dos años diciendo que va a hacer un curso. Tiene la voz, los ejercicios y una libreta con ideas de lecciones. Lo que no tiene es la certeza de que alguien, fuera de sus alumnos de siempre, vaya a pagar por él. Por eso no ha grabado un solo video.

Su miedo es razonable. Grabar un curso son semanas de trabajo, y si nadie lo compra, se pierden. La salida no es esperar a tener valor sino cambiar el orden: primero comprobar, después construir.

¿Qué pasa si grabo el curso primero y valido después?

Que la validación llega cuando ya no puedes cambiar nada. Si nadie compra, no sabes si falló el tema, el precio, la manera de contarlo o el lugar donde lo anunciaste. Y cuando ya invertiste tres semanas en edición, cuesta aceptar que la promesa estaba mal.

Al revés, un mes de conversaciones y una preventa cuestan poco y te dicen lo mismo con más tiempo para reaccionar.

¿Qué hago cada semana durante el primer mes?

Semana 1: una promesa para una persona

Rocío escribe una frase con a quién ayuda y qué logra: «Ayudo a estudiantes de secundaria que se bloquean con las fracciones a llegar a su examen sin miedo». No es la frase definitiva; es una hipótesis. Incluye una persona concreta (estudiantes y sus familias), un resultado visible (llegar al examen sin miedo) y un obstáculo (las fracciones).

Semana 2: ocho conversaciones

Habla con ocho personas que tengan ese problema: cuatro familias y cuatro estudiantes. Quince minutos cada una. Lo que pregunta:

  • «Cuéntame la última vez que se trabó con matemáticas. ¿Qué pasó?»
  • «¿Qué han probado hasta ahora? ¿Por qué no funcionó?»
  • «¿Pagaron por algo? ¿Cuánto?»

Lo que no pregunta: «¿comprarías un curso así?». Todo el mundo dice que sí por amabilidad. Lo que vale es lo que ya hicieron y ya pagaron, porque eso es conducta y no opinión. Si en las ocho conversaciones aparece la misma queja con las mismas palabras, ahí hay curso.

Semana 3: una lista de espera

Con las palabras que escuchó, Rocío reescribe la promesa y monta una página sencilla con un formulario: nombre, correo y una pregunta, «¿qué te gustaría que el curso resolviera?». La comparte con las ocho personas, con sus propios contactos y en dos grupos de familias del colegio. Cuánta gente se apunta importa menos que qué tipo de gente y qué responde. Cómo hablar de esto sin sentir pena lo trata este texto sobre la vergüenza de promocionarte.

Semana 4: una preventa con número mínimo

Antes de abrir, Rocío decide su regla y la escribe: si diez personas pagan, construye; si menos de diez, no construye todavía. El precio de preventa es de 20 dólares. Diez personas son 200 dólares, que ya cubren las herramientas de grabación y le ponen en el calendario una fecha de entrega. Fijar el número antes impide que el entusiasmo del cierre te haga decidir con el corazón.

Pedir dinero antes de entregar da cierto nervio. Es el mismo que se siente al pedir un anticipo, y se calma igual: diciendo con claridad qué recibirán y cuándo, y qué pasa con su dinero si no se llega al mínimo. Rocío promete devolverlo.

¿Y si nadie paga la preventa?

Es información, no una sentencia. Antes de tirar la idea, Rocío revisa en este orden:

  1. ¿Llegó la oferta a las personas correctas? Una preventa mostrada a quien no tiene el problema no prueba nada.
  2. ¿La promesa coincide con las palabras de las entrevistas? A veces el problema real era «mi hijo no quiere ni abrir el cuaderno», no las fracciones.
  3. ¿El precio le parece a esa persona proporcional al problema?
  4. ¿Hace falta primero una audiencia? Si casi nadie te conoce fuera de tu círculo, el cuello de botella es otro, y esto explica qué pasa cuando tienes seguidores y aun así no ingresa nada.

Con una respuesta a alguna de esas cuatro, Rocío ajusta la promesa y repite la semana 3 y la 4. Habrá perdido un mes, no un semestre.

Los nombres, las situaciones y las cifras de este artículo son ejemplos para explicar la idea; no son casos reales.

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