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Mi mejor asistente me dice que se va: qué decirle y qué mirar

· Equipo de Nicho Escuela

Bata doblada sobre una silla y una caja con una planta en una clínica luminosa

¿Qué hago cuando mi mejor asistente me dice que se va?

Escucha antes de responder, agradece, pregunta qué pesó en la decisión y no hagas una contraoferta en el momento. Después revisa con calma si el problema es el sueldo, el crecimiento, el horario o el trato. Si se va igual, pide una salida ordenada: fecha, traspaso por escrito y una despedida que deje la puerta abierta.

Mónica, odontóloga en Pereira (personaje inventado, como la conversación), cerraba la agenda del viernes cuando su asistente, con siete años en la clínica, le dijo: «¿Tienes cinco minutos? Quiero contarte algo». Mónica supo antes de que lo dijera. Lo que sigue es una conversación posible, con notas sobre lo que conviene y lo que no.

¿Qué digo en los primeros treinta segundos?

Asistente: Me ofrecieron un puesto en otra clínica. Lo he pensado mucho y voy a aceptarlo. Quería decírtelo yo antes de que te enteraras por otro lado.

Mónica: Gracias por decírmelo así, de frente. Me da pena, y a la vez te lo agradezco. ¿Puedo preguntarte algunas cosas?

Lo que conviene: agradecer, decir en voz alta lo que sientes y pedir permiso para preguntar. Lo que no: «¿Cómo me puedes hacer esto?», «justo ahora», o una contraoferta con la boca todavía abierta. Una contraoferta inmediata puede sonar a pánico y, si ya ha tomado la decisión, la hace sentir mal por rechazarla.

¿Qué pregunto para entender por qué se va?

Mónica: ¿Qué tenía esa oferta que no encuentras aquí?

Asistente: Sobre todo el horario: salgo a las cinco y no los sábados. Y el sueldo es algo mayor.

Mónica: ¿Hubo algo que yo podría haber hecho distinto?

Asistente: A veces siento que ya no hay hacia dónde crecer. Hago lo mismo desde hace años.

Lo que conviene: preguntar sin defenderte. Cada vez que oigas algo incómodo, repite con tus palabras lo que escuchaste («entonces el horario y no sentir que avanzas») antes de responder. Lo que no: discutir los motivos, corregirla o recordarle todo lo que has hecho por ella. Aunque tengas razón, ese no es el momento.

Fíjate en lo que apareció: sueldo, horario y crecimiento. Rara vez es una sola cosa. Y casi nunca es solo dinero.

¿Hago una contraoferta?

Solo si quieres que se quede y puedes sostenerla. Si es así, pide un día y vuelve con algo concreto:

Mónica: Déjame pensarlo hasta el lunes. Si puedo ofrecerte algo que cambie lo que me dices, te lo cuento. Y si ya está decidido, lo entenderé.

Lo que conviene: que la oferta responda a lo que dijo (horario, un rol nuevo, un ajuste de sueldo), no a una cifra al azar. Lo que no: prometer lo que no podrás cumplir o ceder por miedo. Una persona que se queda por una promesa que luego no se cumple se va dos veces.

Y piensa en los números sin dramatismo. Digamos que sustituirla cuesta lo que ganarían dos o tres meses de su sueldo: tiempo de formar a la nueva persona, pacientes que notan el cambio, errores del arranque. Es una cifra de ejemplo, pero ayuda a saber cuánto de esfuerzo tiene sentido poner en retener.

¿Y si se va de todas formas?

Entonces la meta cambia: que se vaya bien. Un correo breve o una conversación fijan los acuerdos:

Mónica: Gracias por quedarte hasta el día 30. Para que el traspaso salga bien, ¿escribimos juntas qué hace cada día y quién necesita qué? Así, la persona que entre no parte de cero.

Asistente: Me parece bien. Puedo dejarte los pasos de la agenda y de las confirmaciones por escrito.

Aquí es donde se nota si el consultorio tiene sus procesos documentados. Si todo vive en la cabeza de una sola persona, su salida duele el doble, igual que cuando eres tú quien dice que nadie lo hace como tú. Pídele que deje por escrito la agenda, las confirmaciones, el cobro y la confidencialidad, aunque sea en listas cortas.

¿Qué reviso en mi consultorio para que la próxima no se vaya?

No para culparte, sino para aprender. Cuatro preguntas, con la cabeza fría:

  1. Sueldo. ¿Está en línea con lo que se paga en tu zona por un puesto parecido? Pregunta a colegas.
  2. Horario. ¿Hay margen para que sea más predecible?
  3. Crecimiento. ¿Hay algo que pueda aprender o de lo que pueda hacerse cargo? Un curso, la agenda de higiene, el control del inventario.
  4. Reconocimiento. ¿Cuándo fue la última vez que le dijiste qué haces bien, sin que fuera una evaluación?

Si ya estás pensando en quién la sustituye, mira cómo saber si te toca contratar y no olvides que, con la persona nueva, más pronto que tarde tendrás que tener alguna conversación difícil.

Mónica no logró que se quedara. Logró que la despedida fuera un lunes con pastel, una carta de recomendación y la promesa de que la puerta no estaba cerrada. Seis meses después, la antigua asistente le recomendó a una conocida para otro puesto vacante.

Los nombres, las situaciones y las cifras de este artículo son ejemplos para explicar la idea; no son casos reales.

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