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Firmé la obra y el presupuesto no alcanza: qué hacer ahora

· Equipo de Nicho Escuela

Muro de ladrillo a medio hacer con una cinta métrica y un saco de cemento casi vacío

¿Qué hago si firmé una obra y el presupuesto no me alcanza?

Primero calcula cuánto te cuesta terminar de verdad, partida por partida, y compáralo con lo que te falta por cobrar. Separa lo que fue un error tuyo de lo que es un hallazgo o cambio que el dueño debe conocer. Habla con él con números y fotos, propón opciones de alcance y no recortes calidad ni seguridad en silencio.

A la tercera semana de obra, la hoja de cálculo de Gustavo ya mostraba más rojo que cualquier otra cosa. Digamos que es contratista en Tegucigalpa, que firmó la ampliación de una casa por 40.000 dólares y que había calculado quedarse con 5.000 de utilidad. Es un ejemplo, pero el susto es de verdad.

Al sumar lo gastado y lo que faltaba, la ganancia ya no estaba. No hubo una catástrofe. Hubo tres filtraciones pequeñas que él no había puesto en el precio.

¿Qué hago esta semana, con la obra ya firmada y en marcha?

Antes de culparte o de llamar al dueño, haz la cuenta de lo que falta. No la de lo que ya gastaste, que no se recupera con angustia: la del costo para terminar.

  1. Lista las partidas que aún no empiezas y recalcula cada una con precios de hoy, con desperdicio y con la mano de obra real.
  2. Suma lo que todavía te falta por cobrar según el contrato.
  3. Resta. Esa diferencia es tu situación verdadera, buena o mala.

Con ese número en la mano, separa dos tipos de problema. Lo que fue error tuyo de cálculo lo absorbes o lo conversas con cuidado. Lo que fue hallazgo o cambio (algo que nadie podía ver antes de abrir la pared, o algo que el dueño pidió después) se avisa y se cobra por escrito. Mezclarlos es la receta para una conversación incómoda y confusa.

¿Por qué el desperdicio no cabe en un «más o menos»?

Es el primer error de Gustavo. Midió el muro, calculó los bloques netos y los pidió tal cual. Pero los materiales se rompen, se cortan mal y sobran pedazos que no sirven en ningún otro lado. En su obra, ese desperdicio real fue de un 8 % sobre 18.000 dólares de materiales: 1.440 dólares que nadie había presupuestado.

Para la próxima: mide cantidades netas, pero suma un desperdicio por material, no uno igual para todo. La cerámica con muchos cortes no se comporta como la arena. Con las obras que ya cerraste, mira cuánto compraste y cuánto instalaste: esa diferencia es tu porcentaje, mejor que cualquier regla de oído.

¿Qué son los indirectos y por qué se me olvidaron?

Segundo error. Gustavo cotizó el costo de cada partida y olvidó lo que cuesta tener la obra en pie: la camioneta, la herramienta que se desgasta, el seguro, el tiempo que pasa supervisando, el celular, la persona que lleva papeles. Eso es unos 600 dólares al mes, y la obra dura cuatro meses: 2.400 dólares.

Los indirectos no aparecen en ninguna factura de ferretería, así que parecen no existir. Existen y se pagan igual. Se reparten por porcentaje sobre el costo directo o por tiempo de obra, y lo importante es que estén en el precio desde el primer día.

¿Y los imprevistos? ¿Se cobran o se «ponen de mi bolsillo»?

El tercer error fue no dejar ningún colchón. Al abrir el baño apareció una tubería vieja que había que cambiar: 1.500 dólares. Un imprevisto así no era una sorpresa total; los que trabajan en construcción saben que siempre aparece algo. Lo que se puede decidir es quién lo paga y cómo se avisa.

Antes de firmar, deja un porcentaje de imprevistos que tú fijas según la edad de la construcción y la cantidad de partidas ocultas. Y escribe en el contrato qué pasa con los hallazgos: se avisan, se cotizan, se aprueban. De lo contrario, el problema cae encima de quien tiene el mazo en la mano.

La cuenta de Gustavo: 1.440 + 2.400 + 1.500 son 5.340 dólares. Su utilidad prevista era de 5.000. Si se lo comiera todo, terminaría en menos 340. Si el dueño aprueba pagar la tubería, el sobrecosto baja a 3.840 y le quedan 1.160. Por eso importa separar una cosa de la otra.

¿Cómo se lo digo al dueño sin que parezca excusa?

Con datos, no con disculpas. La tubería es un hallazgo y se presenta como tal, con foto:

Hola. Al abrir el baño encontramos que la tubería de la pared es antigua y está dañada (te mando las fotos). Hay que cambiarla antes de seguir. Costo: 1.500 dólares y dos días más de plazo. Te traigo dos opciones: cambiarla toda ahora, o solo el tramo dañado con riesgo de otra intervención más adelante. ¿Lo vemos mañana?

Del desperdicio y los indirectos no se le pasa factura al dueño, porque eran parte de tu trabajo de cotizar. Lo que sí puedes hacer es buscar ahorro dentro de tu terreno: comprar mejor, ajustar la secuencia para perder menos material, o proponerle un acabado distinto que él apruebe. Lo que nunca conviene es recortar estructura, seguridad o calidad sin decírselo. Ahí el problema deja de ser de plata.

Para que lo próximo no vuelva a quedar a la deriva, mira también cómo se maneja un cambio en obra para que se pague y por qué conviene pedir un anticipo sin miedo que cubra los primeros materiales.

Los nombres, las situaciones y las cifras de este artículo son ejemplos para explicar la idea; no son casos reales.

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